Entrar a tu cuenta no debería ser un juego de adivinanzas, y hasta hoy a veces lo era.
«Esta cuenta entra con Google»
Si abriste tu cuenta con Google, no tienes contraseña — nunca creaste una. Pero si meses después llegas a la pantalla de entrada y escribes tu correo con una contraseña cualquiera, lo lógico es que el producto te lo diga.
Ahora lo dice, y te deja el botón de Google marcado justo debajo para que entres de un clic. Nada de leer un párrafo y tener que deducir a dónde ir.
Cuando algo falla, te enteras
Tres arreglos que suenan a poco y se notan mucho:
- Vuelves de Google y algo salió mal (la cuenta está suspendida, la conexión se cortó). Antes volvías a una pantalla en blanco, pulsabas otra vez, y otra vez nada. Ahora sale escrito qué pasó.
- Te pasaste de intentos. El aviso existía, pero otro mensaje lo tapaba: te quedabas dando golpes a una puerta cerrada sin saberlo. Ahora se ve, dice cuánto esperar y te ofrece recuperar la contraseña.
- Le das a entrar sin escribir nada, o el correo lleva un espacio de más. Antes salía un mensaje técnico —y en español aunque tuvieras la plataforma en inglés— sin decirte qué mirar. Ahora te dice cuál de las dos cosas es. Y si el autocompletado del móvil te colaba un espacio delante del correo, ya no te deja fuera.