La clase que te perdiste se ve como la clase a la que fuiste.
La grabación sale entera
Una clase podía acabar con el audio del profesor partido en decenas de pedazos. Ahora cada participante queda en una sola pista, de principio a fin.
La pantalla compartida, nítida
Cuando el profesor comparte pantalla, a la grabación le llegaba a ratos una versión de menor calidad. Ahora se graba siempre la buena, que es la que hace legible un gráfico.
Menos imagen rota
Si se pierde algo por el camino, la imagen se recompone en segundos en vez de quedarse rota durante minutos, y el arranque de un video ya no empieza con la pantalla descompuesta.
La ficha no acusa de más
La ficha de la clase anotaba «no se grabó» de participantes que simplemente no habían hablado. Ya no.